Células madre humanas restauran el movimiento en un mono tras una lesión medular
Después de cuatro intentos fallidos, los investigadores finalmente han descubierto cómo colocar un injerto de células madre humanas en la médula espinal de un mono para generar nuevas células y favorecer la curación. Hubo varios retos que ralentizaron el éxito: la cirugía requería una gran cantidad de proteínas auxiliares que actuaran como una especie de “pegamento” para el injerto de células madre, la mesa quirúrgica tuvo que inclinarse lo suficiente para que el líquido cefalorraquídeo no arrastrara el injerto, y el mono necesitó una intensa inmunosupresión para que su cuerpo no rechazara de inmediato las células humanas.
La cirugía en sí no ha sido ni mucho menos el mayor reto. Tras una lesión medular, el cuerpo organiza rápidamente una red de moléculas estructurales alrededor de la zona dañada, lo que reduce al mínimo la posibilidad de que las células madre extiendan nuevas ramificaciones axonales y limita la cantidad de moléculas beneficiosas y otros factores de crecimiento para las células madre. Para superar esta barrera, los neurocientíficos han estado probando cócteles de moléculas especiales que pudieran impulsar la supervivencia de las células madre una vez implantadas. Tras pruebas infructuosas en ratas, los investigadores pasaron a los monos sin muchas esperanzas. Sin embargo, el mono tratado consiguió sorprender a todos.
Tan pronto como dos meses después de la cirugía, el mono presentaba una enorme cantidad de nuevas ramificaciones neuronales que crecían desde la zona lesionada. Las células madre se habían desarrollado hasta convertirse en neuronas maduras, y algunas ramificaciones llegaron tan lejos como lo que equivaldría a la longitud de dos fragmentos de médula espinal en humanos. Además, las nuevas ramificaciones se estaban conectando con las células no dañadas del mono. Las conexiones establecidas entre el injerto neural humano y los propios axones del mono son una prueba prometedora de que las células madre trasplantadas pueden crear las conexiones necesarias para permitir la recuperación de los movimientos voluntarios del brazo en humanos.
Nueve meses después, el mono ya puede agarrar objetos básicos. Esto supone un avance importante para la medicina regenerativa, y el paso de los roedores a los primates es un desarrollo apasionante con un futuro prometedor.